Con una población de 77 millones de habitantes, Turquía se sitúa en el puesto decimoséptimo de los países con mayor Producto Interior Bruto. Después de 80 años de laicismo republicano y más de 50 de gobierno democrático, Turquía aún no tiene claro si apostar por el laicismo o el islamismo.
Sumidos en una guerra cultural por decidir el camino que debe seguir un país partido en dos naciones, los partidarios del laicismo optan por transformar Turquía en un país como cualquier otro occidental aunque sin restar importancia al Islam. Los islamistas, por el contrario, prefieren un país transformado económica y políticamente donde la religión domine en la vida social.
Sin embargo, este choque de planteamientos se produce en el plano de las élites y no en el de la gente de a pie. La Turquía laica asiste a la aparición de una nueva élite que controla la presidencia, el gobierno y el legislativo. En cambio, los islamistas, completamente marginados desde la revolución laica, se han integrado en los grupos de poder y prestigio de la sociedad turca.